Howling Pages

The Fogbound Wolf

original fiction

the forest knew her name long before she ever spoke it aloud.

Sombra 🕳️ nube ☁️ reloj 🕞

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Bajo la sombra del viejo roble se ocultaba la muchacha de la enorme nube gris, en el fondo deseaba que lloviese, sabe que es inusual, pero a ella ese clima le alegraba el alma, es como si la lluvia regase su corazón y arrastrase todos sus males, como el caudal del río arrastra la superficie del bosque cuando una tormenta lo desborda. Viendo que la nube no se animaba a llorar decidió seguir su camino a la herrería familiar, tenia entre pocas y ningunas ganas, no le apetecía nada ver a su horrible madrastra controlar a su padre como quien controla a un perrito enseñándole un trozo de tocino, y mucho menos quería ver a su insufrible hermano pavoneándose ante las muchachas de la villa creyéndose alguien, no entendía por que su familia odiaba tanto su estado y quería formar parte de la absurda y encorsetada corte. Mientras todos esos pensamientos se arremolinaban bajo su rojiza cabellera, sintió el llanto del cielo sobre si y corrió a esconderse entre las copas del antiguo bosque, allí agazapada y acunada por la vegetación, la fauna y la historia que la precedió, olvidó todo lo que la esperaba al final del camino y se relajó, dejó que el olor del fértil suelo la envolviera y el susurro de la tormenta arrastrase su dolor, sacó de su escondido bolsillo bajo las enaguas ese viejo y destartalado reloj y acarició el grabado, su corazón lloró al son del cielo, extrañaba mucho a Kai, nunca perdonaría que los hubiesen separado, quizás no ahora, ni mañana, ni en los próximos años, pero ella lo encontraría y le contaría la verdad, es una promesa que se hizo a si misma y a los espíritus de ese bosque, es un juramento para con todas aquellas mujeres que allí perecieron y perdieron su libertad, ella obtendría la suya para honrarlas. Para su disgusto la lluvia amaino para aproximadamente el medio día, así pues tuvo que abandonar su refugio en el bosque y volver hacia el pueblo, pasó el resto del día limpiando en la herrería y atendiendo a los clientes, de nuevo pasaba ante ella la oportunidad de cambiar su destino enredada en un monótono y agónico día rodeada de hienas fingiendo ser personas, o eso pensaba, al anochecer había acudido a el lince de plata, el bar de la familia de su amiga Yamila, le gustaba escabullirse de la cabaña cuando el velo de la oscuridad caía sobre el pueblo y entrar al bar para ayudar a su amiga y su familia, ya que para ella eran más familia que la suya propia, y no solo eso, en ese bar rodeado de gente de las minas y algún que otro borracho, se sentía bien, libre, y además adoraba como los más viejos narraban historias y los juglares cantaban inverosímiles gestas, sin embargo esta noche no, esta noche nada de eso era relevante ni iba a cambiar su humor, pero Nahir no lo sabia, no lo supo hasta que mientras le llenaba la garra a Gido, el anciano más anciano, escucho a dos guardas de la frontera medio borrachos hablando de unas pruebas del Kráser, el ejército real, abiertas a todos en sagrado cobre, ella sabía llegar allí, no estaba lejos de su pueblo, quizás podría entrar como doncella para los altos cargos o como asistente en el ámbito de creación de munición, al fin y al cabo, no haría nada distinto a los que ya hacia en la herrería familiar, y quizás fuese el único modo de averiguar donde estaba Kai y que habia pasado con él

Botella 🍾 Puerta 🚪 Mar 🌅

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Cuando esa botella llegó a sus pies mientras paseaba por la costa del mar caspio Elle nunca imaginó los cambios que ocasionaría en su vida en un futuro no tan lejano. El echo de encontrar una botella arribando a la costa le pareció emocionante, le movió el corazón al ritmo de esa vieja música que sonaba en el tocadiscos, aun mas viejo que su abuelo mientras este le contaba relatos tan antiguos como esa parcela sobre los espíritus, dioses y monstruos que habitaban en el corazón de esa basta selva, su madre odiaba eso, siempre le decía que su abuelo tenía muchos pájaros en la cabeza y que todas esas historietas de nada servían. “La verdad es que a mama nunca le gustaron las aficiones del abuelo, quizás por su ausencia durante las excavaciones-pensó Elle mientras cogía la botella y cruzaba la puerta enrobinada hacia el antiguo despacho de su yayi, como ella solía llamarlo cariñosamente de pequeña. Abrió la botella con un corazón en el puño y no pudo contener su sorpresa al ver lo que tenía ante sus ojos, aquella escritura…aquellas redondeadas e intrincadas piruetas que hacían esas letras, era…era el alfabeto de Atlantis! O al menos el alfabeto que su abuelo le atribuía a esa vieja y desaparecida ciudad hecha una interminable leyenda jamás descifrada. Su abuelo pensaba que Atlantis fue la primera ciudad en américa, la que fue predecesora de todo los imperios precolombinos y prehispánicos, el decía que los moradores de esos imperios fueron los superviviente del hundimiento, seres con poderes otorgados por Yemanyá, la madre de los mares, ella amaba esa historia y bien esto podía ser una absurda prueba, una patética coincidencia o un hito histórico, tenia que averiguarlo, -Por el abuelo- se dijó Elle. -Lo siento mama, se que querías algo distinto para mi, pero no puedo negar lo que constituye mi alma -pensó.

Caricias, viento, espejo

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Daya no lo pensó bien cuando decidió marcharse sin mirar atrás, fue precipitado y caótico, aun que más o menos como todo en su vida, así era ella un caos, y por mucho que le intentaran hacer culpable por ello ella se sentía bien en ese caos, si bien cando salió por esa maldita puerta el sol estaba en todo lo alto brillando imponentemente, ahora tantas horas después, la noche comenzaba a abrirse paso en el cielo, y el viento comenzaba a soplar, sentía sus caricias frías a través de sus precarias y raídas ropas, pero no le importaba, nada le importaba ya, esa mañana, después de esa discusión, después de esa dura realización frente al espejo en la cual se dio cuenta de que nunca seria suficiente, nunca la entenderían, nunca se pondrían en sus zapatos, para ellos nunca haría nada bien, a parte de, aparentemente, ser una egoísta malcriada y desagradecida que no hacia nada por nadie, todo había acabado, su estomago se había hundido con el mayor de los pesos por ultima vez, y con la garganta enroscada y el corazón compungido decidió que debía marchar, debía encontrar sus alas y su ser y ser feliz, feliz para ella, ya no había mas oportunidades, se agotaron, lo único que le quedaba era si misma, y puede parecer extraño, pero se sintió menos sola que nunca.

Espalda, gemidos, hielo

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Sabía que era una mala idea, ¿Quién en su sano juicio escoge el polo norte como vacaciones en vez de, que se yo, Maldivas? Y como siempre, a pesar de saber que no acabaría bien, dejé el impulso ganar y accedí, era muy fácil dejarme arrastrar por mis amigas entre risas, karaokes improvisado en cualquier parte y chismes de todos tipos y colores, sin embargo nada de eso me consolaba ahora ni a mi, ni a mi adolorida espalda, no podía evitar soltar bajos gemidos de dolor con cada mínimo movimiento, el hielo se había abierto y había caído en un profundo hoyo, por suerte parecía ser una cueva y no caí al mar o ya habría muerto de hipotermia, aun que visto lo visto, no creo que quede mucho para eso a este ritmo, y para colmo tengo que aguantar al estirado de George, fue su culpa, su maldita culpa, maldito sassenach remilgado y engreído, si la princesita de George no hubiera empezado ha hablar de temas que no le pertañen y a opinar sus tonterías de blanco hetero privilegiado no habríamos empezado a discutir, ni a pisar fuerte mientras hacíamos cómicos y patéticos aspavientos, y hubiésemos visto donde pisábamos, pero no, tenia que joderlo todo, era su especialidad, nunca entendería por que me tenía tanta manía, no me dio ni la oportunidad de conocerme antes de juzgarme, y sin embargo a pesar de eso siempre acabamos enredados en alguna bizarra e inverosímil situación juntos, mi nana tenía razón, el karma te persigue en las formas más insospechadas, supongo que George era el mío en forma de inglés estirado e insufrible por no haber sabido nunca cerrar mi boca y ser demasiado directa, sin embargo, creo que quien sea que dirige el karma allí arriba se pasó. Sea como sea, si las malditas perras de mis amigas no encuentran una forma rápida de sacarme de aquí antes que mi trasero se acabe de congelar pienso arrancarle el caro abrigo y el horrible y hortera suéter y dejarlo morir a su suerte.

written softly, kept forever